Gracias

Te escribo para decirte todo lo que de frente nunca he podido, así que antes de arrepentirme, quiero que sepas que conocerte es lo mejor que me ha pasado hasta ahora. 

Tal vez no te interese, pero llegaste cuando mi vida entera estaba en ruinas, igual que una ciudad después de un terremoto. Llegaste sin que yo te lo pidiera, sin esperarte, sin que lo notara. Y me hiciste creer de nuevo. Esa sensación parecida al amor pero con las garantías de no poner en riesgo mis sentimientos, funcionaba para mí, estaba tan rota que lo último que quería era que alguien me rompiera un poco más.

Te fuiste metiendo poco a poco en mis ojos, en mis pensamientos, en mis sonrisas… Tenía miedo de confiar en ti, de construir recuerdos contigo… y, sin embargo, lo hice. Comencé a justificar tus acciones, a pasar por alto tus defectos, a no querer ver lo que era más que evidente. ¿Cómo pasó? ¿Por qué lo permití?

Creo que mi primer error fue comenzar a negociar porque empecé a quitarme valor y a ponerme precio, y entre más negociaba, más barato me intentabas comprar. No me malinterpretes, sé que tú siempre tuviste claras y firmes tus intenciones, y que en todo caso la culpa fue mía por creer algo que estaba muy lejos de ser verdad. En mi defensa diré que pesar de que siempre he estado consciente de lo que somos y más aún de lo que no somos, siento que dimos por hecho muchas cosas bajo la premisa de que “estaba implícito”. Lamento haber querido ocupar un lugar que no me correspondía.

Ojalá todo fuera como antes, cuando me conformaba con verte un par de horas después del trabajo, cuando me bastaba un mensaje con un emoji, cuando me escapaba de casa para pasar la noche contigo sin importar las consecuencias, cuando sabía que no era ni sería la única pero estaba bien porque tampoco me habías hecho creer lo contrario… pero hoy eso ya no es suficiente para mí. 

Espero que comprendas que si sigo persiguiendo un sueño imposible, no despertaré nunca. Si sigo aferrándome a lo que no tengo, perderé lo que poseo. Si sigo esperando algo que nunca llega, el resto pasará de largo. 

Me duele en el alma tener que dejarte ir, pero debo aceptar que cumpliste tu propósito en mi vida y, sobre todo, aceptar que hay personas de por medio con las que nunca podré competir, aunque quisiera (y sabes bien a lo que me refiero). No me queda más que agradecerte por compartir cuatro años de tu vida conmigo, por devolverme la confianza en mí, por tantas anécdotas, por los besos y las caricias, por cada palabra, por hacerme sentir viva. Ten por seguro que hasta el último de mis días ocuparás un lugar muy importante en mi corazón. Te quiero y te deseo lo mejor en la vida. 

Comentarios

Entradas populares