A mi edad



Cuando me veo en el espejo, me reconozco, sé que soy yo, pero ¿quién soy yo? Tengo casi treinta y me conozco menos que nunca. No sé si estoy bien o mal, o si estoy. Y no descanso hasta tener el rostro sobre el asfalto y palpar la herida que indica que sigo viva.

Es fácil pedir y pedirme perdón y jurar que no lo volveré a hacer, pero lo sigo haciendo. No solo siento que no avanzo, siento que retrocedo. Lo único que quiero es correr porque no quiero convertirme en una persona adulta todavía. Porque se me acaban las excusas y los “mientras” y la oportunidad de subirme a bailar a la mesa, borracha, sin mayores consecuencias. Pero a mi edad ya no eres una chica alegre, sino una mujer con problemas de alcoholismo. 

De pronto es demasiado tarde para empezar de nuevo…

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