Tú eres

No sé escribir poemas, así que te escribo esta carta. Hay algo que he querido decirte desde hace tiempo: tú eres. Lo sé. Lo supe en cuanto te vi. Te reconocí. Eres justo como te había imaginado.

Te amaba incluso antes de conocerte. Y no, no eres como una pantalla en blanco sobre la cual proyecto todo lo que deseo, te sé humano y te amo aún con todo lo que eso implica: con tu pasado, con tus manías, con tus miedos y con todos tus defectos. No “te amo” como “me caes bien”, o como “tenemos tanto en común”, ni mucho menos como “me pareces guapo”. Quiero que sepas que me gusta verte cuando duermes, preguntarme con qué sueñas, ver tus ojos cerrados, imaginarlos abiertos, tocar tu cara y que ni te enteres. Me gusta también la manera en que te empeñas en llevar tu cabello hacia atrás aunque siempre termine cayendo sobre tu rostro. Me gusta que no olvides la coma vocativa cuando me escribes o la forma en que arrugas la frente cuando te sacas de onda. Me gusta tu mirada perdida en el horizonte cuando me cuentas alguna anécdota de tu niñez. Cómo frotas las manos cuando sientes frío y que aprietes con todas tus fuerzas los ojos cuando cantas alguna de tus canciones favoritas. Me gusta tu cuerpo vestido de nada, pero me gusta aún más cuando accidentalmente desnudas tu alma. Me gusta que seas pervertido, inteligente y culto. Me gusta tu existencia. Podría seguir. La lista de cosas que me gustan de ti es interminable.

Y pensar que ni siquiera estaba en mis planes el salir de casa la noche que te vi por primera vez. Pero, por esos extraordinarios milagros de los que te hablaba, coincidimos.

A veces olvido que sentir amor hoy en día puede resultar anticuado y hasta ridículo. Olvido que después de cierto tiempo uno aprende a abrir los ojos y a cerrar el corazón, y que es mucho más seguro relacionarse sin involucrarse demasiado. Olvido que tu nombre es sinónimo de libertad. Que por el momento no quieres compromisos. Y a veces también se me olvida todo el dolor con el que tuve que lidiar la última vez que amé a alguien... Y sin embargo aquí me tienes, escribiéndote esto a las tres de la mañana, aunque no lo vayas a leer jamás. 


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