Soliloquio


Me quedé mirando sus labios, esperando que dijera que estaba arrepentido, que no quería perderme, o un beso. Y nada. Un último abrazo, de esos eternos. Nos fuimos por caminos contrarios. A diferencia de él, yo sí me di la vuelta, observé cómo el amor de mi vida se alejaba. Yo no lo buscaría porque prometí respetar su decisión, pero le había dicho que lo esperaría el tiempo que fuera necesario. Lloré. Lloré mucho. Hubo luna llena... una, dos, varias veces. Lo vi con alguien más. Lloré. Me enojé, carajo, me encabroné. Escribí. Me faltaron palabras. Salí. Bebí. Llovió. Llovió mucho. Lo stalkeé. Lo bloqueé. Fue mi cumpleaños. Pensé en él. Me arrepentí. Llegó el fin de año y lo extrañé. Lo quise de vuelta... y luego ya no. Conocí gente. Salí. Bebí. Bebí mucho. Se me olvidó extrañarlo. Fui feliz... y luego ya no. Lo extrañé. Lo amé y luego ya no. Cambié. Me conocí. Bailé. Reí. Estuve bien. Seguí bien y luego ya no. La cagué. Toqué fondo. Lo odié. Me odié. Aprendí a dejar ir. Dejé de pensar en él. Seguí con mi vida.  Lo vi. Quise vengarme. No pude y lo perdoné... 
Y así, el tiempo que me pidió, al principio fue una semana, luego se convirtió en dos y después en la eternidad misma, porque nunca regresó.

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