"No
me olvides", le susurré mientras nos dejaba ir en el final de un abrazo.
Se lo dije teniendo la esperanza, todavía, de que se arrepintiera, de que me dijera
una vez más cuánto me amaba, de que todo eso fuera una especie de pesadilla. Ese tarde nos despedimos, quizá, para el
resto de la vida.
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