Alienación
Levantarme por las mañanas se ha convertido en algo que me gustaría aplazar hasta encontrar un motivo para hacerlo. Pospongo la alarma del móvil por lo menos tres veces antes de regresar a la rutina de cama-trabajo y a la ausencia de vida más allá del ordenador. Mis días se han convertido en una especie de canción con “repeat” que se escucha con la única emoción de lo que está por venir, de esa siguiente canción: la canción que me cambie, si no la vida, la mañana. Algo que me haga despertar de este letargo en el que me encuentro, que me haga vivir como siempre he querido: en mayúsculas y entre signos de admiración, pero casi sempre tengo la sospecha de que ese “algo” nunca llegará, que mis días seguirán transcurriendo como hasta ahora: tibios, mediocres, insoportablemente llevaderos, vacíos.
Después de muchas vueltas en la cama y en mi cabeza, aseo mi desidia y salgo a la calle vestida con auriculares, porque con banda sonora me es más fácil dejar de escucharme.
Tengo esa sensación de haberme perdido en algún sitio, de encontrarme con alguien totalmente diferente cuando me miro en el espejo. Me he convertido en todo aquello que alguna vez detesté. Voy en contra de mis principios y de todo en lo que alguna vez creí.
A veces intento justificarme con la absurda excusa de que “él” se llevó la mejor versión de mí. Y es que uno espera que las personas se queden para siempre en nuestra vida pero muchas veces tienen que salir de ella y es inevitable que se roben una parte de ti cuando se marchan... pero bueno, esa es otra historia y esta no tiene nada que ver con “él”.
Me extraño. Extraño quien era. De esa Alejandra ya solo queda el nombre. Colecciono errores, los guardo en el cajón, en el clóset, bajo la almohada, en el sótano. A veces parece no haber lugar para uno más, pero aún así los sigo acumulando, sigo encontrando espacio para ellos. Tal vez no debería ser tan dura conmigo misma, tal vez debería simplemente depurarlos y comenzar otra vez. Despierto y pido y me pido perdón y lloro y me digo a mí misma “no lo vuelvo a hacer, te lo juro, perdóname solo esta vez, una vez más” y me perdono. Y lo vuelvo a hacer... y mil veces más.
Siento que solo soy una pieza más que no encaja en ningún rompecabezas, que no completa nada ni a nadie... ni siquiera a mí misma. Formo parte de un todo y a veces me siento totalmente desligada al conjunto. Ya no soy quien era antes, ni soy quien soy ahora. No me gusta la persona en la que me he convertido, pero tampoco siento la necesidad de cambiar y entonces solo me resigno a seguir así: sin un antes ni un después, sin pasado ni futuro, ni bien ni mal, ni viva ni muerta.


Comentarios
Publicar un comentario