No vuelvas más
Fue difícil, más difícil de
lo que pensé. A pesar de que dijiste que no lo harías, siempre supe que te
irías, pero de algún modo, algo en mí esperaba que fuera cierta la promesa del
“para siempre”. Ilusa.
Mi vida se cayó a pedazos
como la pared de un edificio en medio de un terremoto. Fui un cadáver andante,
dejé de reconocerme frente al espejo, me ahogué en mis propias lágrimas, estuve
sin estar, me rompí. Esos días no era más que un montón de cristales brillando
en el suelo. Fingí sonrisas para que nadie notara que por dentro estaba en
ruinas. Perdí la cuenta de las veces que me levantaba y volvía a caer, de
cuántas veces volvía a ti para andar en círculos. Dejé de dormir porque la
imagen de nosotros me atormentaba cada vez que cerraba los ojos. Fui todo lo
que me ha dolido y nunca parecía suficiente; cuando pensaba que no podía sufrir
más, llegabas para romper la esperanza, el dolor era poco para matarme, pero
suficiente para desear no estar viva.
¿Y sabes qué? Sobreviví.
Resulta que no tengo
absolutamente nada de lo que siempre quise, no te tengo a ti ni a tus hermosos
ojos cafés y nunca tendré la vida que soñamos juntos… pero me tengo a mí. Tengo
una voz horrible con la que canto todas las mañanas mientras me ducho y ojeras
en los ojos de tanto no dormir por aprovechar
el tiempo perdido. Tengo amor en todas sus presentaciones. E incluso, tengo
un par de vestidos para presumir mis piernas pálidas, las mismas con las que
camino a donde se me dé la gana. Tengo un montón de cosas desde que no te tengo
a ti. Soy mía y más mía que nunca. Soy feliz, aunque te duela. Ya no te
necesito, aunque no te importe. Ya no tienes poder alguno sobre mí. Te quedaste
entre los escombros. Soy mi mundo, mi presente y mi futuro, provoco sonrisas y
a veces hasta bailo. Aquí ya no vuelvas más.


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