Metáforas
Llegó silenciosamente e invadió mis órganos,
iniciando por mis ojos hasta llegar al corazón. El diagnóstico: Cáncer. El tratamiento
fue largo y doloroso. Y cuando parecía totalmente erradicado, volvió a aparecer.
Y así una y otra vez.
Era más bien como un demonio y yo estaba poseída.
Hablaba y me comportaba como ese ente quería. Logré expulsarlo, sacarlo,
apartarlo de mí. Pero siempre terminaba volviendo porque mi alma era débil.
¡Como los piojos! Se metió bajo mi piel. A veces
me rascaba hasta hacerme sangrar y entre más lo hacía, más parecía enterrarse
en ella. No quedaba más que rascar y rascar… hasta que no quedara piel a la que
pudiera aferrarse.
Aún vive dentro de mí, solo para causar daño
a mi organismo. Como un parásito, que vive a expensas de otra especie, a la que
se le denomina HUÉSPED.


Comentarios
Publicar un comentario