Inefable
Últimamente no hago
más que dedicarte textos de otros autores, de grandes autores, de verdaderos
autores. Los leo y me apropio de su literatura porque sus obras parecen
citarte, porque cada una de sus palabras parece haber sido escrita para ti, porque
usan las palabras de cierto modo, que hacen latir mi corazón, tanto
como latió el suyo.
Pero ni Sabines, ni Benedetti, ni Cortázar, poseen la totalidad de
lo que quisiera decirte pues siempre tengo la sensación de que falta algo más
por expresar. Todo es perfecto tal y como fue escrito: cada verso, cada palabra,
cada punto, cada coma… el problema
radica precisamente en todo aquello que les faltó por escribir. No sé, tal vez
sea la insatisfacción de no haberlo escrito yo misma y sí, sé que suena egoísta,
pero ¿por qué dedicarte palabras que fueron pensadas para alguien más? No es justo ni para los autores, ni para quienes fueron
escritas originalmente… mucho menos para ti. Tú mereces algo propio, algo igual
de digno.
Quiero escribir de
ti, escribir para ti, escribir por ti… pero no sé cómo hacerlo. Siento que todo
lo que pueda decirte con palabras no es sino una minúscula parte de lo que me
haces sentir. Debería hacerlo así, sin pretensiones, tal y como vaya saliendo,
con palabras comunes, de una manera simple… pero yo y mi vanidad, y mi estúpido
intento por esperar que mis palabras trasciendan. De cualquier forma, hoy solo
quiero que trasciendan en ti, que las leas y sepas que hay alguien que te ama
como jamás nadie podrá amarte.
No sé mucho sobre el
amor, pero aunque exista la absurda idea de que debe ser recíproco para poder ser llamado
precisamente así, “amor”, yo más bien pienso que es una quimera de
un solo sentido como la flecha, que solo tiene una punta, no dos. ¿Cuándo se ha
visto que una flecha vaya y venga? El amor es para darlo, no para pedirlo. En
fin, como dije, no sé mucho sobre el amor, para ser honesta, no sé mucho de
nada, pero si de algo estoy segura, es de que eres lo más bonito que me pudo
haber pasado, ¿sabes por qué?
Irónicamente lo que
más detesto de esta “particular situación”, es también lo que más me gusta. A ver
si me explico. No sé tú, pero yo siempre he preferido la emoción que antecede a
la acción, que la acción misma: esa sensación en Noche Buena por ver los
regalos debajo del árbol al día siguiente, que los regalos en sí. Eso me gusta.
Esa mirada de complicidad, esa sonrisa nerviosa, ese suspiro que se ahoga para
no delatarnos. Todo es más bonito porque no nos conocemos, porque todo es tan
ingenuo, tan fresco, tan intacto.
Tal vez me equivoque
y ame solo la idea que tengo de ti, pero ¿qué puede ser más lindo, puro y
genuino? Eres todo lo que quiero y que jamás voy a tener, un “gracias pero no
gracias” porque no quiero arruinarlo ni averiguar si estamos muy lejos de lo
que he imaginado, pero que igual me hace feliz. Feliz porque siempre serás en
mi vida un verbo en presente, nunca un pasado que duela, porque jamás “seremos”,
pero tampoco jamás habrá lugar para un “fuimos”.
Amor mío, me haces
inmensamente feliz, de entre todas las formas de morir que pude haber elegido,
amarte siempre será mi favorita.


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