Rutina
Las buenas costumbres
se van perdiendo, la rutina se acomoda en tu regazo y poco a poco dejas de
hacer todo lo que te hacía sentir viva. Los días transcurren como un cuadrante
laboral, nada se sale de la cuadrícula ni nada te saca de ella. Ya no sabes si
quieres lo que tienes, pero no eres lo suficientemente valiente para
arriesgarte a dejarlo ir por si descubres que te has equivocado. El pulso ya no
se acelera ni se eriza la piel, sólo quedan deseos de futuro, pero eso ni
siquiera existe todavía ni sabes si existirá. Ya no sabes si echas de menos
momentos pasados o si echas de menos ese mañana que nunca llega, pero que al
mismo tiempo es la chispa que enciende la ilusión y la esperanza y hace que te
sientas viva por la posibilidad de que suceda.



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