Punto de partida





Llega un momento en el que despierto y parece que mi vida ha cambiado radicalmente de la noche a la mañana, no la reconozco como propia, no me reconozco en la rutina y a veces tampoco en el espejo. Pero en realidad el cambio ha sido tedioso y lento como la deriva continental. Entonces, en medio del ruido y el trasiego, mientras miro absorta al infinito, tengo una epifanía existencial y la vida pasa por mi retina. Hay tanto que cambiar, tanto que mejorar, tanto por hacer... Sin darme cuenta lloro sin saber exactamente por qué, tal vez por todo y tal vez por nada.


Me siento estancada y así como el agua estancada se pudre, me estoy pudriendo por dentro, así que creo que es tiempo de fluir, de emprender un nuevo viaje y quiero hacerlo bien, quiero dejar huella en la roca y en el asfalto, en las mentes y en los corazones. Quiero vivir con mayúsculas y entre signos de admiración.


Pero antes tengo que dejar a un lado algunas cosas y algunas personas. Debo seguir adelante con lo que tengo, con lo que puedo. Me encantaría poder compartir este viaje con alguien más, pero el camino es largo y no puedo seguir deteniéndome, así que por ahora voy a hacer algo que siempre he sabido hacer muy bien: estar sola. No voy a obligar a nadie a acompañarme y tampoco voy a seguir a nadie. Lo he intentado, pero ya no puedo, ni quiero hacerlo…



Comentarios

Entradas populares