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Todas las noches, antes de dormir, me pregunto si la luna que veo a través de mi ventana es la misma que tus ojos cansados miran o si la lluvia que cae en la ciudad también te trae a la mente aquellos besos tan llenos de pasión que nunca nos dimos.

Muy difícilmente entenderé el porqué de las cosas y principalmente, porqué aun con tantas heridas en mi alma y el cansancio por las interminables noches de insomnio; algo dentro de mí se empeña en seguir tu luz, para continuar una batalla que ya de antemano perdí. Pero así es como son las cosas ahora, ilógicas e incomprensibles para la razón, pero con mucho sentido para el alma, que en un efímero momento se enamoró.

Nunca sabré cuál es tu comida favorita o el color que más te gusta, no sabré tampoco cuál ha sido el momento más triste de tu vida, ni el nombre tu canción predilecta, todas tus manías, obsesiones, claros y sombras.

No tuve la suerte de conocer tu rostro infantil, ni tendré la bendición de verte envejecer.

No estuve en los momentos cruciales de tu vida, ni los felices ni los tristes de tu niñez y adolescencia. Sin embargo, aunque sí fui parte de uno de las memorias de tu juventud, no reiremos rodeados de otras decenas de almas, sintiendo que estamos solos. No será mi mano la que sostengas al caminar en una noche fresca de verano. No escucharé tus suspiros. No podré espiarte mientras arrulles entre tus brazos a un pequeño ser que era ya la persona más importante de tu vida cuando te conocí. No seré yo la persona con quien celebres navidad ni con quien recibas cada año nuevo hasta el fin de tus días. No seré yo quien aplauda tus logros, quien te dé palabras de aliento cuando las necesites. No estaré ahí para decirte que el que tu cabello pierda paulatinamente su color oscuro hasta mutar totalmente al blanco no es el fin del mundo. No seré yo el primer rostro que observes al despertar…

La lista de cosas en las que no estaré presente es tan larga como la misma vida, porque por más que yo quise ser la guardiana de cada uno de los segundos de tu existencia, el destino fue otro. Se me encoje el corazón, al pensar cuán grande era mi deseo de formar parte de ti y que eso no haya sido suficiente para haberse cumplido.

Sé que algún día, dentro de mucho pero mucho tiempo verás a otra chica, una con unos grandes ojos negros que te recordará a la joven cobarde con la que te topabas “por casualidad” a todas horas. Pero luego aquel recuerdo se esfumará, porque tu presente, el presente que sea que estés viviendo, será maravilloso como para desperdiciarlo en el pasado, porque para ti habré sido solo una persona más, como las muchas otras con las que coincides a diario sin saber su nombre, su destino, su historia, lo que hay detrás de su mirada, de su sonrisa…

Por mi parte, crearé mares todas las noches mientras piense en ti. Pero no todas serán lágrimas de dolor, también habrá muchas de felicidad por saber que hice lo correcto, por haber tenido la dicha de conocerte y de saber que a veces el más grande amor no es aquel que termina en un final feliz.

Imaginaré tu rostro, todos los cambios que sufrirás con el cruel paso de los años, pero siempre con una sonrisa.

Si la vida se me va antes, regresaré a cuidar tus pasos y los caminos de todos los que ames. Porque aunque ahora es un abismo el que nos separa físicamente, una parte de mi alma siempre estará contigo.

Pero mientras viva, en todos mis amaneceres serás mi primer pensamiento y en cada anochecer, rogaré a él para que siga colmándote de bendiciones y aleje todo el dolor innecesario de ti.

Y en silencio, aunque seamos un par de extraños con una conexión ilógicamente estrecha, te dedicaré cada una de las palabras que plasme sobre el papel.


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